miércoles, 9 de mayo de 2012

Reclutamiento de militares chilenos para Irak en Chile

Por Carlos Saldivia 

La investigación por el enrolamiento de ex marinos para ir a trabajar a Irak como guardias privados arrojó datos sorprendentes. Efectivos de inteligencia chilenos sospechan que la empresa Grupo Táctico Blackwater está conectada con la CIA. 

En octubre del 2001, Luck Adrey, un técnico de aviación vinculado a la CIA que trabajaba en la base kuwaití de Ahmad al-Jaber fue asesinado a tiros en un mercado de la ciudad. El hecho conmocionó de tal modo a los marines estadounidenses que el servicio secreto norteamericano solicitó a Kroll Asociated -una empresa creada por ex agentes de la CIA- que se encargara de garantizar la seguridad a sus recintos militares. 

Un agente de esa misteriosa compañía era Christian Gatica, ex infante de la Armada chilena y experto en contraterrorismo, que llegó a Kuwait con la misión de estudiar la seguridad estadounidense y asesorar al personal. A dos años de ese episodio y al otro lado del mundo, Gatica volvió a llamar la atención de sus ex compañeros de armas: esta vez, apareció vinculado al irregular reclutamiento de reservistas chilenos para custodiar pozos petroleros en Irak. La virtual "agencia de empleos" que se instaló en una base naval en Concón desencadenó un sumario al interior de la Armada

La historia comenzó el pasado 12 de octubre, cuando apareció un pequeño anuncio en El Mercurio invitando a ex miembros de las Fuerzas Armadas - preferentemente comandos, con dominio de inglés- para prestar servicios de seguridad en el extranjero. 

A través de contactos informales con ejecutivos de la empresa convocante, Grupo Táctico Blackwater, suboficiales activos del Regimiento de Infantería Miller, específicamente de la Unidad Base de Movilización Nacional (UBM) del Fuerte Félix Aguayo, asumieron como tarea propia promocionar la oferta entre el personal de reserva de Infantería de Marina. Se hicieron cargo de inscribir a los interesados y derivarlos a una entrevista en Santiago y les explicaron, además, que la mayor parte de los seleccionados irían a pozos petroleros en las afueras de Bagdad con un sueldo que sería de casi dos millones de pesos mensuales. 

El hecho activó las alarmas del Ministerio de Defensa y de la Primera Zona Naval de Valparaíso debido a que la unidad de la Armada había colaborado con el anuncio sin autorización de la Comandancia en Jefe. 

"La investigación determinará si se cometió alguna irregularidad mayor, por ejemplo, si hubo pago de comisiones. Porque al parecer, desde la base naval se enviaba información personal a Santiago sobre los reservistas más idóneos. Los datos se metían a un computador y se hacía una preselección de los interesados. Y nadie evaluó las condiciones e implicancias de eso" afirma un alto oficial naval al tanto del caso. 

El registro de ex infantes de Marina se realizó durante una semana en la Unidad Base del fuerte, donde comúnmente se informa a reservistas que han pasado por la institución sobre ofertas laborales, ya que muchos ex reclutas están cesantes o tienen trabajos civiles mal remunerados. Pero lo que realmente cayó como un misil en los organismos de contrainteligencia de la Armada son los "empleadores" que están detrás del reclutamiento: a juicio de los uniformados, todo indica que tienen conexión con la inteligencia norteamericana. 

En la UBM del Fuerte Aguayo, los postulantes tenían que entregar su nombre, cédula de identidad, NPI (número personal de ingreso a los registros militares), dirección y teléfono. No se les garantizaba que tendrían un cupo asegurado y tampoco se les pidió ningún tipo de cuota o arancel a cambio de la intermediación con la empresa extranjera. Al parecer, sólo era esta unidad militar la que efectuó reclutamientos, principalmente, porque es el lugar de entrenamiento de los infantes de Marina. 

Las primeras pesquisas de la Dirección de Inteligencia Naval revelaron que la empresa Blackwater pertenecía a José Miguel Pizarro, un ex teniente del Ejército que renunció a las filas en 1995 para luego enrolarse en la milicia de EE.UU. y sobre el cual, según fuentes de inteligencia, hay prohibición de ingreso a recintos de las Fuerzas Armadas de Chile. 

Pizarro y Gatica Pizarro se ganó la animadversión de los militares chilenos en julio del año pasado cuando aseguró a la prensa de Brasil que el Ejército de Chile evaluaba mandar tropas a Colombia para colaborar en la lucha contra las FARC, junto con otros cuatro países de la región. Sus dichos obligaron al Ministerio de Defensa a hacer un desmentido y dar explicaciones al gobierno colombiano días antes de la Cumbre de Guayaquil, donde participaban presidentes de América del Sur. 

Pizarro hizo las declaraciones en su calidad de presidente de Redtáctica, una consultora de temas de defensa situada en Washington, pero que tiene oficinas en 10 países de América Latina y que según militares chilenos, está relacionada con la inteligencia norteamericana y con el ex infante de marina Christian Gatica, quien habría sido el nexo entre la Armada y Blackwater Chile. 

Gatica es otro personaje que no cuenta con las simpatías de la Inteligencia Naval. No sólo lo sindican como el principal operador del incidente acaecido en el Regimiento Miller, sino que también lo vinculan a la inteligencia norteamericana. 

Según versiones recogidas en la Armada, Gatica estuvo más de 15 años en la institución y desde hace dos es director de Operaciones y Entrenamiento para Latinoamérica de la empresa de seguridad Kroll Associated, que ha sido acusada de ser un brazo de la CIA y cuyos miembros son mayoritariamente ex agentes. 

La firma se instaló hace seis años en Argentina y ha pretendido en vano ingresar al mercado chileno de la inteligencia privada, generando una fuerte preocupación entre los organismos vinculados al tema ya que ha sido objeto de varias investigaciones del servicio secreto argentino. 

"Kroll ha intentado varias veces instalarse en Chile, pero no ha podido porque la inteligencia chilena la considera conflictiva. Se autodefine como una consultora de riesgos y especializada en terrorismo, pero continúa vinculada a la inteligencia norteamericana o es una cobertura para sus actividades en el Cono Sur. Ha investigado varios negocios de importantes políticos en Brasil y México, como Fernando Collor de Mello y Carlos Salinas de Gortari, respectivamente, a petición de clientes de alianzas opositoras y tambien indagó en las cuentas bancarias de Saddam Hussein", explica una alta fuente de inteligencia. En Chile, Kroll no es tan desconocida: la firma fue contratada por la Corfo en junio pasado para que su sección de "inteligencia financiera" detectara dónde escondió Inverlink dineros que no aparecen. 

Gatica se fue a vivir a Estados Unidos el 2001 y llegó a Kroll por su currículum de ex comando. En la empresa fue entrenado por seis meses y empezó a trabajar haciendo operaciones en Bosnia, Kosovo y Timor Oriental, donde hizo entrenamientos de seguridad para la policía de Naciones Unidas. Llegó a Kuwait en octubre de ese año para estudiar la seguridad de las bases norteamericanas. 

"Los infantes de la Marina y los del Ejército, por la calidad de su instrucción, son altamente valorados por los organismos de inteligencia norteamericanos y desde hace unos meses éstos sondean la posibilidad de que chilenos ayuden en misiones de paz en Irak. Como esos mensajes han sido desestimados no es raro que se opte por este otro sistema de reclutar personal en retiro como guardias de seguridad", asegura una fuente militar. 

La inquietud de los organismos de inteligencia va más allá de su recelo contra Pizarro y Gatica. También miran con preocupación que alguna unidad castrense pueda estar realizando selección de contingente o intermediando para contratación de "mercenarios" a sueldo, que por no ser militares activos, no están obligados por las convenciones internacionales de Ginebra. 

No existe una única versión sobre el número de chilenos que serán seleccionados. Los uniformados calculan que la cifra fluctúa entre 300 y 2.000 y se cree que el riesgo de los alistados es tal, que más de alguno podría sufrir un accidente o una baja. La Armada oficialmente reconoció que con la creación de este registro se actuó de modo irregular y sin haber evaluado con rigurosidad sus implicancias. Por ello se inició una investigación para esclarecer la magnitud de los hechos, que debe estar lista en 20 días.