jueves, 4 de marzo de 2010

Marcial Maciel, el Legionario que murio cuatro veces y no quiso confesarse .. Ahh Y tambien violó a dos de sus hijos.


 AUTOR IDOIA SOTA | JOSÉ M. VIDAL


Marcial Maciel y su jefe y protector en 1979, cuando partían la pana, cogidos por  la mano.

El padre Maciel también 

habría abusado de dos de sus hijos

Cuando se conocieron ella tenía 19 años, él 56. De la relación nacieron dos hijos y adoptó otro de una relación anterior. Abusó de dos de sus hijos

El fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, quien murió hace dos añosacusado de múltiples abusos sexuales, sostuvo una relación de unos 25 años en México con una mujer, con la que tuvo dos hijos propios y uno adoptivo, según sostuvieron este miércoles los involucrados.
La revelación fue sustentada con grabaciones y documentos en el programa de la periodista Carmen Aristegui en MVS Radio, en momentos en que una comisión de cinco obispos está por concluir un informe sobre la Congregación después de diez meses.
"El tenía 56 años y yo tenía 19. El me dijo que era viudo y que andaba buscando una muchacha para casarse", contó Blanca Estela Lara Gutiérrez al inicio del relato sobre la relación que afirma haber tenido con Maciel, quien se hacía llamar José Rivas Raúl González.
Maciel, fundador de una de las congregaciones más conservadoras y poderosas de la Iglesia, muy cercana al papa Juan Pablo II, fue apartado en 2006 del ministerio público apenas comenzó el Pontificado de Benedicto XVI.
La sanción fue considerada el resultado de más de una década de denuncias de abusos sexuales de al menos 30 seminaristas y estudiantes, aunque el Vaticano no dio las razones y decidió no someter a Maciel a proceso canónico por su avanzada edad.
Después de la muerte del sacerdote a los 87 años, el 31 de enero de 2008, se descubrió que había tenido una hija en España y comenzaron a surgir sospechas de una o más familias más en México.

LAS MENTIRAS DE MACIEL

Lara Gutiérez afirmó el sacerdote le decía que trabajaba en la empresa petrolíferaShell, que era detective privado y hasta agente de la CIA. Se enteró de la verdadera identidad en 1997 cuando se publicó un artículo en la revista"Contenido" sobre las denuncias de abuso sexual.
"Fue cuando yo me enteré de la verdadera historia, de la otra cara", indicó. "Yo lo idolatraba, lo adoraba. Yo estaba ciega totalmente". La relación terminó unos años después.

ABUSÓ DE SUS PROPIOS HIJOS

Según la afirmación de Lara Gutiérrez, del vínculo nacieron Raúl y CristianGonzález Lara. Bajo nombre falso, Maciel habría adoptado también a Omar, un hijo que había tenido ella con una pareja anterior. Cristian, el menor de los tres, tiene 17 años. De los demás no se difundió la edad.
En el programa se difundieron audios de conversaciones supuestamente sostenidas por Raúl González, hijo de la mujer, con representantes de los Legionarios de Cristo y con uno de los cinco obispos de la comisión investigadora, que confirmarían sus declaraciones.
Tanto Omar como Raúl dijeron que fueron abusados sexualmente por su padre cuando eran pequeños, algo que revelaron a su madre en 1999. Raúl dijo que el primero de los abusos ocurrió cuando tenía siete años, en un viaje a Colombia, y que duraron unos ocho años.
"Fuimos víctimas también de mi papá, desgraciadamente", afirmó Raúl, que reclama del Vaticano un reconocimiento público a todas las víctimas y resarcimiento económico.

LA FAMILIA BUSCA UN FIDEICOMISO

La familia también busca un fideicomiso que presuntamente les iba a dejar Maciel, que les decía, según sus dichos, que, si le pasaba algo, recurrieran al "señor Alvaro Corcuera", que es el actual superior de los Legionarios.
En una de las grabaciones difundidas en el programa, Raúl González habla supuestamente con el consejero financiero de los Legionarios, Jaime Durán, y con el rector de la Universidad Anáhuac, el sacerdote legionario Jesús Quirce.
Ahí, ambos reconocen la firma y letra de Maciel en documentos mostrados por González y revelan que el fundador de los Legionarios "podía pedir dinero (a donantes), pero no entraba a las cuentas de la Congregación".
También mencionan que existía una familia en Acapulco que "estaba también en su círculo íntimo" y que "estuvo cerca del padre Maciel en los años antes de su muerte".

Hasta ahora se sabía, gracias a «Crónica», que tuvo al menos seis hijos y varias identidades. En el segundo aniversario del fallecimiento del fundador de los Legionarios de Cristo revelamos sus últimas horas, con la presencia de un exorcista El día que Marcial Maciel murió, se oyó, como en Pedro Páramo, un murmullo insistente como el que hace el viento al azotar las ramas de un árbol en la noche. Al afinar el oído, al igual que en la obra de Juan Rulfo, aquel bisbiseo apretado como un enjambre se definió en palabras casi vacías de ruido y llenas de piedad: «Ruega a Dios por nosotros». El día que Marcial Maciel murió (ayer se cumplieron dos años), la lujosa casa legionaria de Jacksonville (Florida) se convirtió en un ir y venir de hombres ensotanados. Todavía hoy conservan un rictus extraño en su rostro. Una mueca en la que se adivina que el final de Marcial Maciel hace justicia a una existencia vivida con exceso y fuera de toda ley, civil o divina. Algo horrible ocurrió en la habitación donde el fundador de los Legionarios de Cristo expiró.

Poco más de una docena de personas fueron las elegidas para acompañarlo en sus últimos momentos y, de aquella jornada del 30 de enero de 2008, sólo les queda la certeza -y en algunos casos hasta el consuelo- de que el fundador de los Legionarios de Cristo ha muerto. Cuál fue la causa, cómo sucedió o incluso dónde ocurrió son preguntas que admiten más de una respuesta.

Marcial Maciel era uno, trino y hasta quíntuple. Tenía, al menos, cinco identidades diferentes. 

Era Raúl Rivas, amante de Norma Hilda y padre de Normita (ambas en viven holgadamente en Madrid), y Jaime Alberto González Ramírez, pareja de una mujer mexicana y padre de tres hijos en Cuernavaca. Pero también era el progenitor de un chico en Inglaterra y el de una joven en Suiza. A veces era Juan Rivas. Y siempre era Marcial Maciel, fundador de una de las congregaciones religiosas con más poder, conseguidor de incalculables fondos monetarios de dudosa procedencia y pederasta castigado en 2006 por el Papa a la oración y el retiro. 

Todos ellos murieron el 30 de enero de 2008, hace ahora dos años. Sus secretarios personales se encargaron de matarlos. ¿Cómo, si no, iban a poder poner al día todos los documentos de «nôtre père», como aún lo llaman? Había cuentas millonarias, propiedades repartidas por medio mundo, fideicomisos en Bahamas... Un imperio calculado en unos 20.500 millones de euros entre lo que conservó para sí, en todas sus versiones, y lo que puso a nombre de su Legión.

Así se explica su don de la ubicuidad y que Marcial Maciel falleciese a la vez -y que se sepa- en Houston (Texas), Washington; Cotija, su pueblo natal en México, y en Jacksonville (Florida). A las pocas horas de dejar este mundo y mucho antes de que los medios de comunicación conocieran la noticia, Wikipedia recogía su muerte en Florida. Aunque minutos más tarde, sospechosamente, la enciclopedia en la Red eliminó el lugar de la muerte de Maciel de su biografía. Dos días después, aparecieron los primeros obituarios en la prensa. The Denver Post y El Paso Times informaron del deceso del fundador de la Legión por causas naturales en Houston (Texas).

¿Fue por causas naturales? Algunos legionarios aseguran que padecía cáncer de hígado. Otros informan de una operación en 2003 a corazón abierto en Houston. Y hay quienes se aventuran a decir que padecía demencia senil. «Había que emitir diferentes partes de defunción, cada uno con su motivo, para cada una de sus identidades», explica José Bonilla, abogado de los hijos mexicanos del legionario.

«EL CAMAROTE» DE MACIEL

Sea como fuere, el verdadero Marcial Maciel murió en un chalé en Jacksonville (Florida), aunque sus restos fueron trasladados a Cotija (México), su ciudad natal. Se trataba de una pequeña casa con unos 10 u 11 legionarios, organizada ex profeso para el descanso de su fundador un año antes de que éste partiera «a la gloria celestial», como rezaba su despedida en la web oficial de la congregación ultracatólica. El 30 de enero de 2008, la población de la casa se vio repentinamente incrementada en, al menos, ocho personas. En el cuarto de Maciel se juntaron Álvaro Corcuera, actual director general de los Legionarios; Luis Garza Medina, vicario general; Evaristo Sada, secretario general; Marcelino de Andrés, a quien Maciel dejó el encargo de entregar el fideicomiso a sus hijos; Alfonso Corona, uno de los superiores; John Devlin, secretario personal del fundador; y las dos Normas. Y, por si el cónclave no era suficientemente surrealista, en los aposentos de Marcial Maciel no faltó un exorcista para asegurarse de que el alma del padre no estaba tomada por algún espíritu demoníaco.

¿Por qué? Hacía más de dos años que el fundador parecía haber perdido la fe. No iba a misa, no rezaba... Los legionarios que lo cuidaban llegaron a comprobar que sentía «repulsa por la religión». Y la aversión a los objetos religiosos es un signo inequívoco de posesión. De hecho, cuentan que, ya en 1946, los primeros legionarios asistieron a «fenómenos raros» de tipo mefistofélicos. El padre tenía por aquel entonces «una habitación en la casa del Sagrado Corazón», un chalé con una estatua de esa advocación. Una «habitación rara». Primero, porque no tenía cama: «Maciel dormía en un ataúd». Y segundo, por los insólitos fenómenos que, dicen, allí sucedían. Una noche, sus compañeros oyeron ruidos extraños en la habitación de Maciel y, cuando entraron, se toparon con «unas bolas de fuego que circulaban por la habitación del fundador hasta que desaparecieron».

Otros atestiguan que, estando un día en la sacristía, aparecieron unos perros rabiosos. Maciel ordenó a los jóvenes que lo acompañaban que dejaran la habitación y, del mismo modo que llegaron, «los perros desaparecieron de la estancia con la puerta cerrada». En otra ocasión, se encontraba en la capilla. Al oír un estruendo, los legionarios «abrieron la puerta y encontraron los bancos tirados y a Maciel bajo uno de ellos». ¿Presencias del Maligno?

Quizá muchas de estas anécdotas no dejen de ser fábulas. Un tinte de realismo mágico en una vida cargada de episodios rocambolescos.

Sin embargo, alguien debió de considerar seriamente la posesión e hizo llamar al exorcista a su lecho de muerte. El propio Luis Garza llevaba algún tiempo lidiando con la rebeldía del fundador. Según fuentes de la Legión, Maciel se puso muy enfermo seis meses antes de morir. Y los legionarios lo trasladaron desde Jacksonville a un hospital de Miami «de toda confianza». Hasta allí llegó el ya entonces «amonestado» fundador acompañado por tres sacerdotes y una consagrada (laicas con voto de castidad).

«ME QUEDO CON ELLAS»

En el hospital de Miami estuvo tres días ingresado. Al segundo día, se presentaron las Normas en su habitación y permanecieron a su cabecera, cuidándolo, con el beneplácito de Maciel y para escándalo de los legionarios.

-Padre, tiene que venir con nosotros- le dijeron éstos cuando le dieron el alta.

Pero, para entonces, Maciel estaba más cerca de ser Raúl Rivas que el fundador de una congregación religiosa y, señalando a las dos mujeres, respondió tajante: «Quiero quedarme con ellas».
Los sacerdotes legionarios, alarmados por la actitud de Maciel, llamaron inmediatamente a Roma. El entonces número tres de la institución, Luis Garza, supo al instante que les rondaba un grave problema. Lo consultó con el máximo responsable, Álvaro Corcuera, subió al primer avión con destino a Miami y fue directo al hospital.

La indignación podía leerse en su rostro. Allí se presentó ante el otrora todopoderoso fundador y le conminó: «Le doy dos horas para venirse con nosotros o llamo a todos los medios para que todo el mundo se entere de quién es usted de verdad». Y Maciel dio su brazo a torcer.

Su estado físico se había deteriorado mucho desde 2005. «No caminaba bien. Tenía afecciones propias de la edad avanzada. En los últimos meses le fueron fallando varios órganos vitales. Imagino que un informe médico diría que murió de parada cardiorrespiratoria. Tenía 87 años: era un ancianito», detalla a Crónica un portavoz de la Legión de Cristo.

Pero a los pocos elegidos que lo acompañaron al final de su vida les costaba verlo como un ancianito. Para ellos, las últimas horas del fundador fueron un verdadero calvario. Marcial Maciel se negaba a confesar sus pecados. No deseaba o no creía en el perdón de Dios. Quizá llevaba demasiados años acostumbrado a engañar al representante divino en el confesionario. Cómo declarar de golpe que fue pederasta, mantuvo relaciones con mujeres y hombres, tuvo al menos seis hijos de los que nunca se encargó como un verdadero padre, abusó de las drogas, deseó y obtuvo grandes cantidades de dinero, plagió la guía espiritual de su congregación, mintió e hizo daño a centenares de personas sin alterarse en lo más mínimo, y Dios sabe qué más. Eso, Dios lo sabe. Entonces, ¿para qué confesarse? «¡Qué no!», espetaba a Álvaro Corcuera, empeñado en ungir al moribundo con los óleos sagrados.

VERSIÓN OFICIAL

Al final, Corcuera habría logrado que Maciel hiciera un profundo examen de conciencia. Ha explicado más a los suyos. «Nôtre père» feneció frente a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y las últimas palabras que escribió en un papel fueron «et verbum caro factum est» (y el verbo se hizo carne). De hecho, presentó una hoja convenientemente garabateada. Las dos versiones son compatibles. Maciel pudo negarse a la confesión y ser obligado. Pudo confesar lo que considerase apropiado y resultar absuelto. Pudo morir en pecado y escribir algo para consuelo de las futuras generaciones legionarias. La verdad sólo la conocen los que ocuparon el camarote de Maciel antes de exhalar. Fuera, los legionarios de Jacksonville esperaban impacientes. Algunos entraban y salían. «Fue tremendo», refiere uno de ellos. «No te puedo decir más. Tremendo».

¿Pondría este calificativo el padre Alfredo Torres, uno de los fundadores de la Legión, al final de Maciel? «Ha hecho usted muy bien en querer saber mi opinión. En su artículo puede poner: "He intentado que el padre Torres se pronunciase, pero él no ha querido"». A sus 83 años, Torres es el único de los primeros legionarios que sigue vivo. Dirige el colegio hispano-mexicano que el movimiento tiene en Madrid y, en medio de la crisis que vive la institución, se ha convertido en un referente de las esencias. «Vienen muchos sacerdotes a hablarme. De Roma, México, Italia... Todos los que no están contentos me escriben o acuden a hablar conmigo y yo los enderezo por el buen camino». Porque, a su juicio, en estos momentos la congregación se encuentra ante una encrucijada. «Hay dos caminos: el de la Iglesia y el de la calle. Yo siempre iré por el de la Iglesia, que es el de Cristo. Y acepto lo que diga el Papa. Sea lo que sea».

Sobre la conveniencia de hacer público que Maciel se negó a la confesión y que en su lecho de muerte hubo un exorcista, el padre Torres aconseja: «Publíquelo. Usted tiene que ganarse la vida y, además, servirá para que reflexionen las personas implicadas».

¿Reflexionarán? De momento, los dirigentes de la Legión se enfrentan a la visitación con cierta opacidad en sus declaraciones.

Los superiores hicieron llegar a todos los centros un argumentario para responder a periodistas, curiosos y enviados del Vaticano. La guía ofrece la respuesta -en su mayoría, «no» y «nada»- a muchas preguntas. ¿Qué hizo el padre Maciel? ¿Hubo irregularidades financieras? ¿Qué dice de las acusaciones de años anteriores [sobre pederastia]? ¿Estaban los superiores al tanto de estos hechos?... Pero, además, el formulario ofrece un hilo argumental para las conversaciones que se salgan de estas cuestiones. Sugieren a los miembros de la Legión y del Regnum Christi (su rama laica) que pidan perdón por el daño causado por Maciel, que se muestren consternados por que el escándalo haya podido contaminar a la Iglesia, que manifiesten que los que están sufriendo están en sus oraciones y que aseguren que tratan de actuar según lo que Cristo habría hecho en su lugar.

PRIMER RECONOCIMIENTO

A mediados de marzo se espera una decisión de Benedicto XVI. Ahora hay entre 100 y 150 sacerdotes legionarios pendientes de ese dictamen para definir su camino dentro o fuera de la congregación. De momento, parece que la opción más plausible pasa por que el Papa designe un representante de confianza que dé un nuevo rumbo al movimiento. Pero también cabe la posibilidad de que Benedicto XVI ordene una refundación o, directamente, opte por que la Legión de Cristo se disuelva.

Mientras, el representante legal de los tres hijos que Maciel dejó en México, José Bonilla, sigue adelante con su lucha por el reconocimiento de los jóvenes como descendientes del fundador. El primer paso, según ha podido saber Crónica, ha sido la carta que Álvaro Corcuera, director general de la Legión, ha enviado al abogado. En ella, reconoce al mediano de los tres, José González, como hijo de «nôtre père». Quedan dos. Además del fideicomiso en Bahamas que Maciel les legó y que ya les ha sido entregado, los vástagos del legionario tendrían derecho a parte de los bienes que el fundador dejó repartidos por todo el mundo. Y, en menos de 30 días, sus hijos interpondrán una demanda para reclamar sus derechos de herencia sobre estos bienes. «Los chicos hablan todas las semanas con el visitador en México, el obispo Ricardo Watty, que se ha mostrado muy preocupado por el asunto». Más, quizá, de lo que Maciel lo estuvo nunca. De hecho, el padre fundador de los Legionarios de Cristo no se despidió de sus tres hijos. Ni siquiera fueron avisados de su fallecimiento.

El día que murió Marcial Maciel fue un ir y venir de sotanas que rezaban por el alma del que llamaban «padre». Pero faltaban tres de sus hijos. Los que Jaime Alberto González Ramírez, su tercera identidad, engendró con una mujer mexicana. Si confesó su séxtuple paternidad y sus múltiples pecados sólo lo saben quienes estuvieron en la habitación con el moribundo. Aquel 30 de enero de 2008, que muchos recuerdan con una contracción en el rostro, se oía un incesante y pío murmullo. «Ruega a Dios por nosotros», decía.